El arte tiene la capacidad de llevarnos a los rincones más profundos de nuestro ser, y la instalación Sacarse la espina de Ana María Sanabria es un claro ejemplo de ello. Esta propuesta artística surge de una introspección personal en la que la artista, egresada de la Academia de Artes Guerrero, reflexiona sobre la conexión entre la mente, el cuerpo y el espíritu. Su obra gira en torno a preguntas fundamentales sobre el dolor: ¿Qué es? ¿De dónde proviene? ¿Cuál es su raíz?

Ana María parte de la idea de que, como sociedad, tendemos a suprimir nuestro dolor para no incomodar a otros (e incluso a nosotros mismos), evitando mostrarnos vulnerables. En su instalación, busca expresar aquello que suele quedar guardado en lo más profundo de nosotros.

Más allá de la estética visual, el interés de Ana María esta en generar una conexión emocional con el público y permitirles explorar sus propias vulnerabilidades. A través de la interacción, la instalación se convierte en un espacio de reflexión compartida, donde el dolor deja de ser una experiencia solitaria y se reconoce como parte de la condición humana.
El proceso de creación : abrir puertas cerradas
Crear Sacarse la espina no fue una tarea sencilla para la artista. «No fue fácil abrir puertas que uno tiene acostumbrado a tener cerradas», confiesa. Como muchas personas, Ana María también estaba acostumbrada a suprimir su propio dolor. El proceso de desarrollo de esta obra la llevó a confrontaciones personales profundas. «Por más que uno intente soltar, también intenta agarrarse para no desbordarse», comenta. Sin embargo, reconoce que enfrentar el dolor es un proceso largo y personal, y que encontrar espacios seguros para compartirlo puede marcar una diferencia.

La artista cree en el poder de la comunicación para sanar. «Quería que otros tuvieran un espacio para ser vulnerables y sentirse seguros con ello», explica. Para ella, reconocer el dolor es un primer paso. «No creo que la palabra sea aceptar, yo diría, darse cuenta. Si te das cuenta de lo que sientes, estás más consciente y puedes dar los primeros pasos para seguir el camino que más desees».
Un recorrido a través del dolor
La instalación Sacarse la espina es una propuesta multimedial dividida en tres partes, cada una representando una dimensión de la experiencia humana: la mente, el cuerpo y el espíritu.
1. La mente: El dolor emocional
Esta primera parte de la obra se materializa en una gran pared blanca donde están escritas frases negativas con agujas. La artista utiliza este material para simbolizar la frialdad y el peligro de ciertas palabras, comparándolas con la forma en que las agujas pueden herirnos. Algunas de estas frases podrían ser cosas que nos hemos dicho a nosotros mismos o palabras que nos han marcado negativamente. La instalación invita a los espectadores a reflexionar sobre el poder del lenguaje y cómo las palabras pueden causar heridas invisibles.
2. El cuerpo: El alivio dentro del dolor
En la segunda parte de la obra, el dolor se traslada al cuerpo a través de un video performance proyectado en otra pared de la instalación. En este video, se muestra un primer plano de los labios de Ana María mientras realiza un hábito autodestructivo: arrancarse la piel de los labios hasta hacerlos sangrar. Con este acto, la artista expone la paradoja de cómo el dolor físico puede generar alivio mental. Aunque es un hábito dañino, su repetición inconsciente refleja cómo el cuerpo encuentra formas de enfrentar el estrés emocional a través del dolor fisico.

3. El espíritu: La vulnerabilidad compartida
La tercera parte de la instalación es la más interactiva y representa el espíritu. Aquí, los asistentes son invitados a entrar en pequeños booths similares a confesionarios. Al arrodillarse frente a un espejo, deben escribir una confesión sobre un dolor oculto que llevan dentro y que no han podido compartir. «Te invito a la acción de arrodillarte como un acto de vulnerabilidad ante ti mismo», explica Ana María.
«Confrontarse en el espejo es inevitable, pero también es una oportunidad para soltar».
Junto a ellos, un gran tablero blanco con la frase «Sácate la espina» en rojo invita a los participantes a colgar su confesión con una aguja, dejándola junto a las de los demás. Este acto crea un sentido de comunidad y permite a los asistentes ver que sus dolores no están solos. «Quiero darles la oportunidad de verse reflejados unos en otros», dice Ana María.

El dolor como parte de la vida
Para la artista, aceptar el dolor no significa resignarse al sufrimiento, sino reconocerlo como parte de la vida. Sacarse la espina busca generar incomodidad, reflexión y, sobre todo, conexión. «Quiero provocar el darse cuenta«, dice la artista. «Al menos darse cuenta. Ese es el primer paso».
La obra nos recuerda que, aunque el dolor puede ser una experiencia individual, también es compartida. Vocalizarlo y externalizarlo nos ayuda a crear redes de apoyo y encontrar alivio en quienes nos rodean. A través de su instalación, Ana María nos invita a enfrentarnos a nuestras propias espinas y, tal vez, encontrar en ellas alivio.




