En ARTBO 2025, la serie El complejo de Elmer de Fabio Olaya, estudiante de la Academia de Artes Guerrero, se presentó como un ejercicio de introspección profunda donde la experiencia emocional se convierte en imagen, símbolo y relato visual. La obra nace de una vivencia personal compleja, atravesada por la tristeza y por la lucha interna entre la fragilidad y las fuerzas que buscan anularla.
En esta serie, la tristeza no es solo un estado emocional, sino una amenaza constante que intenta destruir la ternura y el amor interior, elementos fundamentales para la conexión humana y el bienestar emocional. Para narrar esta confrontación, Fabio recurre a un imaginario cargado de símbolos: el conejo blanco, figura asociada a la sensibilidad, la vulnerabilidad y la esperanza, se enfrenta a la violencia, la indiferencia, la ira y la destrucción, encarnadas en el cazador de la icónica serie animada Looney Tunes.

En conversación con el artista, Fabio nos cuenta que esta obra corresponde a la tercera pieza de la serie y surge de una observación personal sobre uno de los síntomas menos visibles de la tristeza: el deseo de destruir la ternura. Para materializar esta idea, utiliza lápiz de chequeo azul, una herramienta tradicionalmente empleada por contadores y trabajadores del ámbito financiero, resignificando su uso para construir un lenguaje plástico cargado de emoción.
La elección técnica no es casual, a través de sus múltiples tonalidades, el azul acompaña el relato visual de una batalla interna constante: la de proteger ese lado vulnerable que todos llevamos dentro, cuando nos hemos acostumbrado a apagarlo.
Para el artista, esta es una lucha en la que la ternura nunca desaparece por completo. “Es algo que llevamos adentro y siempre va a estar ahí”, afirma, subrayando que, aunque la tristeza sea persistente, la sensibilidad y el amor interior siempre encuentran la forma de resistir.

La participación en ARTBO 2025 representa para el artista la culminación de un proceso que inició como una forma de terapia personal. Lo que comenzó como un ejercicio íntimo se transformó, con el tiempo, en una vocación clara. “Descubrí que esto es lo que me emociona, me apasiona, me gusta”, nos comparte. Verse hoy en uno de los escenarios más importantes del arte contemporáneo es para el artista una evolución que le genera orgullo y reafirma su confianza en el camino que ha decidido recorrer.




