En 1969, el escultor europeo Christo envolvió temporalmente la costa de Little Bay, al sur de Sídney, Australia. Esta obra fue objeto de crítica, ya que los ecologistas locales protestaron argumentando que era ecológicamente irresponsable y afectaba negativamente al medio ambiente local, especialmente a las aves que anidaban en los acantilados envueltos.

Las quejas se intensificaron cuando varios pingüinos y una foca quedaron atrapados bajo la tela y tuvieron que ser liberados.
Los comentarios de los ecologistas atrajeron la atención internacional hacia los círculos medioambientales y llevaron a los artistas contemporáneos de la época a replantearse el impacto de sus obras en el medio ambiente.

Desde la realización de nuestras obras hasta la forma en la que disponemos de nuestros materiales una vez hemos terminada; cuestionar el impacto que nuestras obras tienen en el medio ambiente es crucial como artistas.
Reflexionar sobre los materiales que utilizamos, los procesos que empleamos y cómo nuestras creaciones afectan al entorno son cosas que debemos tener en cuenta al momento de crear.
Esto no significa que de la noche a la mañana te conviertas en un activista por el medio ambiente (a menos que eso te interese).
Sin embargo, si somos más conscientes sobre nuestras creaciones, quizás poco a poco logremos adoptar métodos más sostenibles y prácticas más responsables con el mundo que nos rodea.
Después de todo, existe mucha belleza en ver el arte como una forma de construir el mundo, no de destruirlo.







